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Hacer ofrendas de frutas a la Pachamama en luna llena

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Agradece y activa el flujo de bendiciones.

Yo le ofrezco a la Pachamama frutas frescas, sobre todo uvas y manzanas, que dejo en el jardín bajo la luna. Agradezco en voz alta por el alimento, el aire, la salud. Para mí, la Pachamama no es solo la Tierra, es una energía viva que sostiene todo. Si uno no honra eso, se pierde en lo superficial.

Cada primero de agosto hago mi ofrenda a la Madre Tierra enterrando granos de maíz, lentejas y trocitos de pan. Es mi forma de devolverle un poco de lo que me da. Me arrodillo, le hablo, le agradezco y le pido permiso para seguir viviendo en su superficie. Sin ella, no somos nada.

Mis ofrendas a la Pachamama son sencillas pero sinceras. Le doy agua limpia, un poco de miel y flores silvestres que recojo con respeto. Lo importante es la intención: estar presente, sentir esa conexión profunda con lo natural. Cuando lo hago, siento que mi cuerpo se alinea con algo muy antiguo y sabio.

Yo crecí viendo a mi abuela enterrar frutas como manzanas, duraznos y hojas de coca envueltas en tela. Ella decía que era para nutrir a la Pachamama como ella nos nutre a nosotros. Hoy lo sigo haciendo, y cada vez que lo hago, siento su presencia, su fuerza. Es como volver a casa.

Mi forma de ofrendar es con fuego. Enciendo un fuego sagrado con hierbas secas, palo santo y resinas. Al calor del fuego, le hablo a la Pachamama, le entrego mis dolores y le doy gracias. No siempre uso comida. A veces, lo que ella necesita es que soltemos.

Yo le ofrezco frutas, tabaco natural y un poco de vino tinto en una ceremonia que hago en la montaña. Subo solo, dejo todo en una manta y me quedo en silencio. Es un acto de humildad. Conectarse con la Pachamama es recordar que estamos prestados en este mundo, y que nada nos pertenece.

Una vez al mes entierro semillas y pétalos de flores junto a una carta escrita a mano donde le agradezco a la Tierra por todo lo que me sostiene. Para mí, la Pachamama no es un símbolo, es una madre real que escucha, que siente, y que se alegra cuando le devolvemos con respeto.

Mi ofrenda este año fue un círculo de piedras con frutas de temporada, agua y tierra de diferentes lugares que he visitado. Lo hice al amanecer. Fue simple, pero cargado de emoción. Sentí que estaba en comunión con algo más grande que yo. La Pachamama te devuelve lo que das, y más.

Yo no uso objetos materiales, mi ofrenda es caminar descalza por la tierra húmeda, meditar sobre ella y cantarle. Me gusta ofrecerle canciones, rezos, y mi silencio. La conexión con la Madre Tierra es espiritual y corporal. No hace falta mucho, solo estar ahí de verdad.

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