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Piedras

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Tengo la costumbre de llevar una piedra de ojo de buey en el bolso porque me da una fuerza extra y mucha resistencia cuando el día se presenta eterno. Me ayuda a no tirar la toalla ante los imprevistos y a mantener una actitud más firme y segura frente a los desafíos que me van surgiendo. Al final es mi pequeño soporte para no dejarme vencer por el cansancio y sentirme mucho más protegida y con energía para terminar lo que empiezo.

Suelo llevar encima una piedra de malaquita en el bolsillo porque me ayuda un montón a romper con esos bloqueos mentales que a veces me frenan en el trabajo. Me da una sensación de determinación que me viene muy bien para afrontar cambios o situaciones nuevas sin darle tantas vueltas a la cabeza. Al final me sirve como un apoyo para confiar más en mi instinto y no dejar que los miedos me paren cuando tengo que sacar adelante algún proyecto personal.

Me acompaña siempre una piedra de lava volcánica en el bolsillo porque me da una sensación de fuerza y estabilidad que me viene de lujo para los días de mucho trote. Me gusta porque es un material muy rudo y natural que me ayuda a quemar tensiones y a no quedarme anclado en los problemas que no puedo controlar. Al final es mi forma de mantener el temple y de sentir que tengo los pies bien apoyados en el suelo por muy revuelto que esté el ambiente a mi alrededor.

Suelo llevar siempre una piedra de citrino en el bolso porque me da un subidón de optimismo y energía positiva sobre todo en esos días grises en los que todo parece cuesta arriba. Me ayuda un montón a no quedarme estancada en las quejas y a enfocarme más en las soluciones y en las cosas buenas que me van pasando casi sin darme cuenta. Al final es como llevar un trocito de sol conmigo que me hace sentir mucho más alegre y protegida contra el desánimo o el cansancio de la rutina.

 

 

Suelo llevar siempre una piedra de labradorita en el bolso porque me encanta cómo cambian sus reflejos y me ayuda un montón a conectar con mi intuición cuando tengo que tomar alguna decisión importante. Siento que actúa como un escudo que me protege de las envidias o de las malas energías que a veces se pegan sin querer en sitios con mucha gente. Al final es mi forma de sentirme más segura de mis propias ideas y de no dejar que los juicios de los demás me influyan tanto en el día a día.

Suelo llevar siempre una piedra de luna en el bolso o en el bolsillo del abrigo porque me ayuda un montón a suavizar esos días en los que estoy más sensible o irritable de lo normal. Siento que me aporta una calma muy natural y me ayuda a fluir mejor con mis propias emociones en lugar de pelearme con ellas cuando las cosas se ponen intensas. Al final es mi forma de recuperar la paciencia y de sentirme mucho más en paz conmigo misma y con el entorno sin dejar que el estrés me desborde.

Suelo llevar siempre una piedra de hematite en el bolsillo del pantalón porque me da una sensación de peso y realidad que me viene muy bien para no dispersarme cuando tengo mil cosas en la cabeza. Me ayuda mucho a descargar la tensión acumulada y a sentir que no me dejo arrastrar por el estrés o las prisas de los demás durante la jornada. Al final es mi forma de mantenerme centrado y con los pies en el suelo para afrontar lo que venga con mucha más entereza y sin perder el norte.

Suelo llevar siempre una piedra de pirita en el bolsillo porque me da un extra de seguridad y empuje cuando tengo que sacar adelante algún proyecto o negociación importante. Me gusta el peso que tiene y esa sensación de solidez que me transmite para no dudar tanto de mis capacidades ante los retos que van surgiendo en el trabajo. Al final me sirve como un recordatorio constante de que tengo que mantener la ambición y la disciplina necesarias para que las cosas salgan bien sin dejarme llevar por el desánimo.

Suelo llevar siempre una piedra de kunzita en el bolso porque me ayuda un montón a relajar la tensión en el pecho cuando el día se vuelve demasiado intenso o emocional. Siento que me aporta una suavidad muy necesaria para no ponerme a la defensiva y para tratar a los demás y a mí misma con mucha más paciencia y cariño. Al final es mi pequeño secreto para mantener el corazón tranquilo y no dejar que el estrés de la rutina me endurezca el carácter o me quite las ganas de disfrutar de las cosas buenas.

yo es que siempre voy con una piedra de ojo de tigre encima, normalmente en el bolsillo del vaquero, porque me da un puntito de confianza extra cuando el día se pone tonto. Me sirve para no rayarme tanto con lo que piensen los demás y para tirar hacia adelante con mis cosas sin dudar a cada paso. Al final es como un recordatorio personal de que tengo que confiar en mi instinto y no dejar que el estrés me gane la partida, que a veces nos complicamos la vida nosotros solos.

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