El Mejor foro de Videncias y Amarres de Amor

Opiniones reales sobre Amarres de Amor, Videncia, Tarot, con los mejores Videntes del momento

Por favor, o Regístrate para crear mensajes y debates.

Bruji verde tip

AnteriorPágina 40 de 41Siguiente

Si siento que el trajín de una jornada larga y llena de reniegos me dejó con la respiración corta y el pecho apretado, me siento en una silla firme con los pies separados, apoyo los antebrazos en las rodajas y me quedo mirando un punto fijo en el suelo mientras exhalo lento por la boca; ese desahogo hondo afloja la tensión de las costillas, frena la aceleración del día y me da una templanza bárbara para recuperar el centro.

Para blindar la caja de herramientas o el maletín del oficio contra los robos, las pérdidas tontas y la mala suerte en las changas, coloco una moneda antigua o de valor chico envuelta en un papel aluminio bien apretado en el fondo del compartimento; este pequeño bulto metálico actúa como un señuelo contra la escasez, bloquea la mala pata y me transmite una seguridad bárbara cada vez que salgo a laburar sabiendo que mis cosas están firmemente custodiadas.

Cuando noto que el cansancio de la semana me tiene la vista cansada y la paciencia corta antes de llegar a casa, me detengo un minuto antes de entrar, cierro los ojos apoyando la espalda contra la pared exterior y me paso las manos secas por la cara y el cuello de arriba hacia abajo; este simple barrido físico bota la suciedad del ambiente, corta la pesadez de la calle y me regala una liviandad bárbara para cruzar el umbral renovado y de buen talante.

Cuando siento que el trajín de las tareas del hogar me dejó los hombros duros y la paciencia al límite, me preparo una infusión de cedrón con una cascarita de naranja, me siento en la galería a ver cómo baja el sol y me tomo el tiempo de respirar hondo con cada sorbo; ese aroma cítrico y relajante afloja el fastidio de inmediato, disuelve la rigidez del cuerpo y me regala una calma bárbara para empezar la noche en paz.

Para proteger el umbral de la cocina —el corazón de la casa— de las corrientes de envidia o de las malas energías que puedan entrar con las visitas, espolvoreo una línea muy fina de sal marina justo por debajo de la puerta y la dejo actuar hasta el día siguiente; este cerco blanco y terrenal absorbe cualquier vibración pesada antes de que circule por el hogar, limpia el ambiente y me transmite una seguridad bárbara de que mi espacio está a salvo.

Si noto que la mala onda de un intercambio tenso me dejó las manos frías y el ánimo descolocado, me acerco a la pileta, abro la canilla y me lavo las manos con agua tibia y jabón blanco con mucha intención, imaginando que el agua se lleva toda la pesadez; ese lavado simple y cotidiano arrastra los rastros de la energía ajena, reconecta mis manos con su fuerza y me deja una ligereza bárbara para retomar mis cosas con el espíritu limpio.

Cuando la mala leche de una discusión absurda me deja con el estómago revuelto y mala cara, me encierro en el aseo, abro el grifo a tope y me salpico la cara con agua helada varias veces; ese corte de golpe frena el sofoco en seco, me aclara las ideas y me deja con una tranquilidad tremenda para continuar con la jornada sin cargar con chorradas ajenas.

Para proteger la guantera del coche o los papeles del seguro contra multas absurdas, imprevistos en la carretera o la mala pata al volante, doblo un tique de la gasolinera antigua en cuatro, le meto dentro un par de granos de pimienta gorda y lo dejo en el fondo; ese fardo sencillo absorbe las vibraciones chungas del tráfico, frena la mala suerte y me transmite una confianza acojonante cada vez que salgo a la autovía sabiendo que voy bien cubierto.

Cuando veo que el agobio de la semana me pesa en las cervicales y me deja de mal talante al atardecer, me tiro en el sofá bocarriba, me estiro con ganas deserezando los brazos y las piernas durante un minuto y suelto el aire con fuerza; esa descarga física afloja el caparazón del estrés, quita el plomo de los hombros y me regala un desahogo brutal para desconectar y disfrutar de la noche en casa.

Cuando percibo que el bullicio de la calle y las exigencias del día me dejan con la cabeza embotada y el sistema nervioso a mil, me preparo una infusión de tila bien caliente, me siento junto a la ventana y me dedico a exhalar despacio mientras miro hacia el horizonte; ese vaho templado deshace la prisa acumulada, aplaca el revoloteo mental y me devuelve una serenidad tremenda para habitar la tarde con sosiego.

AnteriorPágina 40 de 41Siguiente

Publicidad

Scroll al inicio