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Experiencias con Mariela Gauna

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Mi pareja y yo estábamos juntos desde hacía más de 15 años. Teníamos dos hijos, una casa construida con mucho esfuerzo, y una vida que parecía estable. Pero de pronto todo se derrumbó. Él empezó a llegar tarde, a responder con frialdad, a dormir en el sofá. Hasta que una noche me dijo que ya no sentía lo mismo y se fue. No tuve fuerzas ni para llorar. Durante semanas viví como un fantasma, sin saber qué hacer. Alguien me habló de Mariela Gauna. Le escribí con el último hilo de esperanza. Me respondió con mucha claridad, con respeto, y me propuso hacer un trabajo de amarre. Me explicó que ella haría todo, que yo solo tenía que mantenerme tranquila y seguir sus indicaciones. Fue difícil, pero confié. A las tres semanas, él volvió a casa. Dijo que había estado confundido, que se dio cuenta de todo lo que dejó atrás. Hoy estamos juntos, trabajando en nuestra relación y disfrutando nuevamente de la familia. Le debo a Mariela haber recuperado no solo a mi esposo, sino también mi hogar.

Durante años, mi esposa y yo fuimos una pareja estable, con nuestros altibajos, como todos. Pero con el tiempo, algo se fue perdiendo. Las charlas, las risas, los momentos íntimos. Todo se volvió rutina, silencio, y luego discusión. Hasta que un día se fue. Me dijo que necesitaba estar sola. No me lo esperaba. Me encontré solo, en una casa vacía, mirando fotos de lo que habíamos sido. Encontré a Mariela Gauna por casualidad. Me habló con una sinceridad que me sorprendió. Me dijo que si aún había amor, todo era posible. Comenzamos el amarre, y en poco tiempo empezaron los cambios: mensajes, preguntas, recuerdos. Hasta que volvió. No con dudas, sino con amor. Hoy salimos a caminar juntos, reímos otra vez, y cenamos en familia. Mariela me devolvió la felicidad que creí perdida para siempre.

Mi matrimonio estaba en ruinas. Después de muchos años juntos, mi esposo me dijo que quería separarse. Me sentí caer en un pozo. Teníamos hijos, una casa, un proyecto de vida. Yo aún lo amaba profundamente. Pero él decía que ya no sentía lo mismo. Intenté todo: terapia, hablar, rogar. Nada funcionó. Fue ahí cuando contacté a Mariela. Me trató como si me conociera de toda la vida. Me explicó que iba a trabajar sola, que yo no debía preocuparme por rituales ni nada raro. Y lo hizo. A los pocos días, él me escribió. Luego, me pidió vernos. Lloramos juntos. Me pidió perdón. Hoy seguimos en pareja, más conectados que nunca. Volvió a mirar a nuestros hijos con ternura, volvió a dormirse abrazado a mí. Mariela me devolvió mi hogar y la alegría de vivir.

Mariela me entendió desde el minuto uno. Hicimos un amarre y ella se ocupó de todo. Fue paciente, profesional y muy humana. A los 3 días me desbloqueó. A la semana me escribió. A los 20 días volvió. Y no se fue más. Hoy somos otra familia, más unida, más fuerte. Gracias a ella recuperé todo.

Lo había perdido todo. Él se fue con otra. Se llevó sus cosas, sus fotos, su ropa, y dejó un vacío tremendo en casa. Mis hijos preguntaban por él. Yo no tenía fuerzas ni para responder. No podía ni levantarme de la cama. Fue una conocida quien me pasó el nombre de Mariela Gauna. Le escribí sin muchas esperanzas, pero su respuesta me dio calma. Me dijo que había visto casos como el mío muchas veces, y que podíamos trabajar con un amarre si yo sentía que aún había amor. Acepté. El proceso no fue inmediato, pero sí poderoso. Pasaron 22 días hasta que él apareció. Primero fue un mensaje. Después un café. Después volvió. Y se quedó. Dejó a la otra y decidió volver a casa. Hoy mis hijos lo tienen de nuevo, y yo recuperé mi familia. Nunca voy a dejar de agradecerle a Mariela lo que hizo.

Contacté a Mariela. No me prometió milagros, pero sí compromiso. Me propuso hacer un amarre de amor, y empecé. Al principio fue muy duro. Había días que pensaba que no funcionaría. Pero a los 30 días, volvió. Y volvió distinto. Más cercano, más abierto, más sincero. Hoy estamos juntos. Hacemos terapia y reconstruimos desde el amor.

Yo no quería hacer un amarre. Me daba miedo. Me parecía algo forzado. Pero cuando mi pareja me dejó y dijo que no había vuelta atrás, me quebré. La casa estaba vacía. Mis hijos me preguntaban si él iba a volver, y yo no sabía qué decir. Encontré a Mariela en internet. Dudé. Le escribí y su forma de hablarme me cambió todo. No fue mágica, fue clara. Me explicó que el trabajo no manipulaba a nadie, solo limpiaba lo que estaba bloqueado. Y así empezamos. Hizo el trabajo y me fue guiando. A las tres semanas, él apareció. Se quedó una noche. A la semana, volvió con sus cosas. Hoy estamos más unidos que nunca. Y yo me volví a sentir amada. Gracias, Mariela.

Nunca pensé que yo iba a estar en esta situación. Siempre fui escéptico. Pero cuando mi esposa me dejó y se llevó a mis hijos, el dolor me hizo romper con todos mis prejuicios. Yo no podía estar sin mi familia. Probé con abogados, psicólogos, nada funcionó. Una amiga me recomendó a Mariela. Al principio me dio vergüenza, pero le escribí. Me atendió con respeto, sin burlarse, y me explicó que podía ayudarme con un amarre de amor si aún existía ese vínculo. Lo hicimos. Y los resultados llegaron. Ella empezó a escribirme, luego me pidió hablar, después me pidió volver. Hoy estamos juntos otra vez. Cenamos con los chicos, vemos pelis, salimos de paseo. Volvimos a ser una familia. Mariela me ayudó a recuperar todo lo que pensaba que había perdido para siempre.

Después de una traición, mi pareja se fue. Había otra persona. Yo estaba devastada. Pero no quería rendirme. Sabía que lo nuestro valía. No se puede borrar una vida compartida tan fácil. Contacté a Mariela Gauna. Le conté todo con lágrimas. Ella me escuchó y me habló con tanta calma que decidí confiar. Hicimos el trabajo. Me acompañó, me sostuvo cuando quería abandonar. A los 25 días, él regresó. Dijo que se había equivocado, que había sido débil. Le costó, pero se quedó. Hoy estamos reconstruyendo. Poco a poco, pero juntos. Y nuestros hijos volvieron a reír en casa.

Mariela me dijo que si había algo por recuperar, ella lo iba a lograr. Y lo logró. Trabajó sola, sin pedirme nada más que fe. A los 17 días, recibí su mensaje. Después, una visita. Luego, volvió con sus cosas. Hoy nos sentamos los cuatro a la mesa como antes. Mariela no solo me devolvió a mi pareja. Me devolvió la vida en familia.

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