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He sido estafada

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A mí me estafaron desde un supuesto “gabinete espiritual” que decía trabajar con tarot y amarres. Me pidieron mis datos personales, número de WhatsApp y una foto. A los pocos días me estaban amenazando con “romperme energéticamente” si no seguía pagando. Me enteré después que operaban desde Perú. Nadie daba la cara, todo era por mensajes. Nunca más. Ahora solo confío en personas reales que se muestran en redes y sé que existen.

Un supuesto “chamán africano” me pidió que hiciera una transferencia urgente porque si no, “mi caso se complicaría espiritualmente”. Me asusté tanto que envié el dinero… y nunca más supe de él. No hablaba español correctamente, no se dejaba ver ni escuchar, y cuando intenté denunciarlo, me dijeron que estaba fuera de la jurisdicción española. Mucho cuidado con esto.

Hay personas que se hacen pasar por videntes, te piden el número, te sacan toda tu información personal y después te amenazan con publicar tus conversaciones. A mí me lo hicieron desde una cuenta falsa de tarot en Latinoamérica. Todo era por WhatsApp. Me juraron que trabajaban desde Madrid, pero era mentira. Ahora solo confío en gente que se muestra de frente, que está en España y que da la cara cada día en sus redes.

Una mujer con fotos robadas me convenció de que podía traerme de vuelta a mi ex. Me pidió mi fecha de nacimiento, la de él, fotos, número de móvil… y luego empezó el chantaje: “o me pagas más o desvelo tu situación a tu entorno”. Era una persona de Centroamérica haciéndose pasar por española. Por eso ahora valoro a quienes dan la cara, se dejan ver y demostrar que son reales. Eso marca la diferencia.

Me contactó un supuesto vidente por Instagram, con miles de seguidores comprados, y me pidió el número para atenderme por WhatsApp. Al final era una mujer de República Dominicana que me pedía dinero cada dos días para nuevos materiales. Me di cuenta de que no tenía ni web, ni canal de YouTube, ni una sola prueba de que existiera. Solo se escondía. Me juró confidencialidad y luego me escribió desde otro número para presionarme.

Estuve en manos de un “gabinete” que me atendía con voces automatizadas y respuestas tipo robot. Me cobraban como si fuera personalizado, pero luego descubrí que atendían desde Colombia y que hablaba con distintas personas cada día. Nunca pude hablar con la misma vidente dos veces. Por eso ahora solo confío en profesionales que trabajan solas, que se muestran tal cual son y están comprometidas con sus redes y su público.

Después de tantas malas experiencias, aprendí que la verdadera diferencia está en quién da la cara. La gente que se esconde detrás de un logo, que no tiene canal de YouTube, ni sube vídeos, ni interactúa en redes… no me da confianza. La magia es algo serio, y quien realmente trabaja bien no tiene nada que ocultar. Hoy solo confío en personas que se muestran tal cual son, que me atienden con su voz, con su rostro, y con presencia constante. Eso sí que da paz.

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