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Bruji verde tip

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Para blindar la billetera contra la mala racha económica y evitar que la plata se me vaya como agua entre los dedos, guardo una hoja de laurel seca doblada junto a los billetes que uso todos los días; este amuleto clásico de bolsillo frena las pérdidas innecesarias, corta la envidia que genera el progreso y me transmite una espalda bárbara para encarar cualquier negocio con la seguridad de que el bolsillo siempre responde.

Cuando presiento que las visitas van a traer comentarios filosos o que la energía del comedor está un poco densa, coloco un florero con tres claveles blancos frescos sobre la mesa principal; estas flores tienen una fuerza bárbara para absorber la negatividad del ambiente antes de que se instale, limpian la atmósfera de falsedades y me dan una tranquilidad bárbara para ser la anfitriona sin perder mi paz.

Para cortar la mala racha con los proyectos personales y destrabar la creatividad cuando me siento estancada, me trenzo el pelo bien firme por la mañana mientras repito mentalmente mis metas; este gesto tan nuestro contiene mi energía dispersa, ordena mis pensamientos para que no se me escape la fuerza y me da una seguridad bárbara para salir a ganar el día con total enfoque.

Si vuelvo a casa sintiendo que me miraron con envidia o que me cargaron con "mal de ojo", me preparo un té de manzanilla bien concentrado y, antes de tomarlo, me mojo los dedos en la infusión tibia y me hago una cruz en la frente y en el centro del pecho; este mimo tradicional calma la vibración de mi cuerpo, disuelve la pesadez que me mandaron y me devuelve una liviandad bárbara para conectar con el descanso.

Siempre me guardo una axinita en el bolsillo porque, las cosas como son, es el talismán que necesito para tener una resistencia de hierro y consolidar mis proyectos a largo plazo. Me viene genial para no desinflarme en los negocios que requieren tiempo, dándome la constancia y la fuerza necesarias para trabajar duro hoy sabiendo que mañana voy a recoger beneficios a manos llenas. Al final, es mi amuleto para la estabilidad y la fortuna sólida, asegurándome de que cada esfuerzo se traduzca en un patrimonio real, duradero y que no pare de dar rendimientos.

Si noto que la mala racha se metió en la caja de herramientas o en las máquinas del taller y todo se empieza a romper sin motivo, agarro un trapo limpio mojado en un chorrito de alcohol y limpio cada pinza y destornillador con movimientos firmes hacia afuera; este mantenimiento rústico espanta la mufa que traba el laburo diario, sacude la pereza del ambiente y me devuelve una destreza bárbara para que todo vuelva a funcionar a la perfección.

Para cortar la pesadez mental después de bancarme un día entero de reclamos y mala onda de jefes o clientes, me saco las zapatillas apenas llego a casa y juego un rato con mi perro en el patio o le doy una buena cepillada; la energía limpia y leal de un animal absorbe cualquier rastro de amargura ajena sin pedir nada a cambio, me desconecta del estrés de la calle y me da una descarga bárbara para volver a sentirme el dueño de mi espacio.

Cuando siento que la envidia de algún conocido me está tirando abajo las finanzas y me cuesta cerrar los tratos, guardo una moneda dorada dentro del zapato derecho justo debajo de la plantilla antes de salir a laburar; pisar sobre el metal me recuerda mi valor, frena los bloqueos que los demás me quieren imponer en el camino y me transmite una pisada bárbara para ir al frente y concretar los números que me propongo.

Cuando presiento que la mala onda o los celos de una conocida pueden afectar mis planes, me pongo mi anillo favorito en el dedo medio de la mano izquierda antes de salir de casa; este metal funciona como un pararrayos que ataja las malas intenciones antes de que me toquen, protege mi aura de las miradas dobles y me da una prestancia bárbara para moverme con absoluta soltura.

Para limpiar la energía de la sala de costura o de mi rincón de manualidades cuando las ideas no fluyen, quemo una cáscara de mandarina seca sobre una hornalla y paseo el humo cítrico por todo el espacio; este aroma tan alegre y chispeante espanta el aburrimiento, transmuta la frustración en pura inspiración y me devuelve una lucidez bárbara para que las manos vuelvan a crear cosas hermosas.

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