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Bruji verde tip

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Si paso por una situación incómoda en la calle y noto que me quedó un nudo en el estómago por los nervios, me desabrocho los primeros botones de la camisa y me limpio el cuello con un paño humedecido en agua de azahar; este frescor floral disuelve la angustia acumulada en el pecho, ahuyenta la mala vibración del momento y me transmite una templanza bárbara para recuperar la sonrisa y seguir con mi rutina.

Cuando noto que la mala vibra de una discusión ajena me dejó el ambiente de la casa cargado y pesado, agarro un puñado de arroz crudo y lo esparzo en las esquinas de la entrada principal; este grano noble atrapa la negatividad que intenta colarse, protege la paz del hogar contra los chismes del vecindario y me da una tranquilidad bárbara para cerrar la puerta y relajarme por completo.

Para renovar la energía de mis plantas y evitar que se sequen por las miradas pesadas de los que pasan, entierro una pequeña aguja de coser oxidada en la tierra de la maceta principal de la entrada; este metal viejo actúa como un cable a tierra que desvía la envidia directa, cuida la salud de mis brotes y me transmite una alegría bárbara al ver mi jardín siempre verde y protegido.

Si siento que una racha de mala suerte me está trancando los caminos y las cosas no avanzan, me lavo las manos con una mezcla de agua tibia, una cucharadita de miel y un toque de canela en polvo antes de irme a dormir; este baño dulce me quita las asperezas del día, endulza mi destino para atraer mejores oportunidades y me deja una confianza bárbara para despertarme al día siguiente sabiendo que lo bueno está por llegar.

Si noto que el motor del auto o de la moto se pone mañero por culpa de la mufa de un mal día, abro el capó, le pego una buena soplada al filtro de aire y limpio los bornes de la batería con un cepillo de alambre; este mantenimiento rústico no solo mejora el contacto, sino que saca la estática y la mala energía que traba el andar, devolviéndome una potencia bárbara para salir a la calle a devorarme los kilómetros.

Para blindar mi taller o el galpón donde guardo mis cosas contra las miradas curiosas de los vecinos envidiosos, cuelgo una herradura de caballo usada con las puntas hacia arriba detrás de la puerta principal; este hierro viejo y curtido por el camino frena en seco cualquier mala intención que quiera cruzar el umbral, cuida mis herramientas y me da una firmeza bárbara para laburar tranquilo y a mi ritmo.

Cuando la mala racha económica me quiere achicar y noto que las changas o los pagos se demoran, agarro un billete de bajo valor, lo doblo bien chiquito en forma de triángulo y lo meto adentro de mi caja de pesca o de la caja de herramientas; este secreto de oficio actúa como un imán para el laburo, corta la envidia que frena los ingresos y me transmite una espalda bárbara para saber que la plata para el asado del fin de semana nunca va a faltar.

Cuando noto que las malas lenguas o los chismes del barrio andan revoloteando y quieren salpicar la paz de mi casa, pongo un vaso de agua con dos cucharadas de vinagre blanco detrás de la puerta principal; este líquido corta de raíz la mala vibra que traen las palabras ajenas, neutraliza la pesadez del ambiente y me da una frescura bárbara para atender a cualquiera con una sonrisa sin que nada me afecte.

Para renovar la energía de mi cocina y limpiar las ollas y sartenes de la rutina del día a día, les paso un paño humedecido con agua y unas gotas de jugo de limón antes de guardarlas; este toque cítrico saca la grasa pesada del ambiente, espanta la escasez que a veces se quiere pegar a los utensilios y me transmite una vitalidad bárbara para cocinar con amor y sazón para los míos.

Si siento que una racha de insomnio o de pesadillas me está quitando la fuerza por las noches, coloco una ramita de ruda macho envuelta en un pañuelo de hilo blanco debajo de mi almohada; este yuyo fuerte y protector espanta los malos pensamientos que me desvelan, limpia mi mente de las preocupaciones del día y me asegura un descanso bárbaro para despertarme renovada y con toda la energía.

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