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Bruji verde tip

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Para proteger el rincón donde guardo mis perfumes y cosméticos, y evitar que se carguen con la envidia de las visitas, coloco una pequeña piedra de amatista junto a los frascos; esta piedra de color tan lindo transmuta cualquier energía celosa en pura armonía, cuida mis rituales de cuidado diario y me transmite una seguridad bárbara de que mi brillo y mi belleza están bien resguardados.

Si siento que los proyectos del hogar se están demorando y la energía de la casa está media estancada, agarro una escoba de paja y barro desde el fondo de la casa hacia la puerta de entrada al revés, usando movimientos cortos y firmes; este gesto tradicional saca a patadas la mufa y la pereza acumulada en los rincones, renueva el aire de las habitaciones y me da una fuerza bárbara para encarar la semana con optimismo.

Si noto que la mufa del día me dejó la cabeza pesada y no me permite disfrutar de la cena, salgo al patio y afilo mi cuchillo favorito contra una piedra o una chaira con movimientos firmes y constantes; ese sonido metálico y el roce del acero limpian el ambiente de las malas vibras del laburo, ordenan mis pensamientos de golpe y me dan una concentración bárbara para sentarme a la mesa tranquilo y bien plantado.

Para proteger el auto o la camioneta de los amigos de lo ajeno y de las malas energías cuando me toca estacionar en una zona que no conozco, dejo una pequeña ramita de pino seco escondida debajo del asiento del conductor; este aroma rústico y resinoso purifica el aire del habitáculo, ahuyenta la mala suerte de los caminos y me transmite una tranquilidad bárbara para bajarme del vehículo sabiendo que está bien resguardado.

Cuando siento que las discusiones familiares o la tensión del día me dejaron un ambiente hostil en el comedor, armo un centro de mesa con un cuenco de vidrio lleno de agua y le tiro un par de rodajas de manzana verde fresca; esta fruta tan noble absorbe de inmediato la acidez de los malos momentos, corta los resentimientos en el aire y me transmite una serenidad bárbara para que volvamos a compartir la mesa con alegría y en completa armonía.

Cuando noto que la mala racha me tiene dando vueltas en la cama y la cabeza no se apaga, me pongo una gorra o un gorro viejo al revés antes de acostarme; este gesto simple me corta el flujo de pensamientos negativos que traen las preocupaciones del día, me encierra la energía en un espacio más tranquilo y me da un descanso bárbaro para pegar el ojo y recuperar las fuerzas.

Para proteger el lugar donde guardo el dinero o los papeles importantes de la casa, coloco un tornillo de acero bien firme apuntando hacia la puerta de entrada; este objeto de metal, frío y directo, actúa como un guardián silencioso que pincha cualquier mala intención que quiera entrar a husmear o a traer desorden, dándome una seguridad bárbara para saber que mis cosas están bien custodiadas.

Si siento que la envidia de alguien del entorno me está secando la energía y me tiene con el ánimo por el suelo, me corto las uñas de las manos un martes o viernes a la noche y entierro los recortes en una maceta con tierra bien negra; este ritual corta definitivamente el vínculo con las malas vibraciones que me quisieron tirar, abona el camino para lo nuevo y me deja una energía bárbara para seguir adelante sin que nada me afecte.

Si siento que la mufa de una discusión en la calle me dejó el pecho apretado y con bronca, me voy hasta la canilla del jardín, me mojo bien la nuca y las orejas con agua fría y me sacudo el agua de las manos hacia atrás con un movimiento seco; ese "sacudón" corta de raíz la energía negativa que se me pegó encima, refresca el temperamento y me devuelve una calma bárbara para seguir con lo mío sin que el mal trago me condicione el día.

Para blindar la entrada de mi casa contra las visitas que vienen a chusmear o a tirar mala onda, cuelgo un manojo de llaves viejas que ya no sirven detrás del marco de la puerta; el tintineo metálico de esas piezas oxidadas confunde las malas intenciones, atrapa la energía pesada antes de que entre al living y me da una tranquilidad bárbara para recibir a quien yo quiero, sabiendo que mi hogar está bien custodiado por un centinela de hierro.

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